Esta viñeta gallega, realizada por Luis Dávila O Bicheiro, caricaturiza uno de los problemas más frecuentes de la heráldica: la distancia entre el lenguaje técnico del blasón y la percepción popular de los escudos. Lo que para el heraldista son figuras cargadas de significado histórico y simbólico, para el observador profano pueden ser simples objetos cotidianos. El humor surge cuando las copas heráldicas del escudo gallego dejan de interpretarse como muebles de armas y pasan a convertirse, en la imaginación del personaje, en la prueba de que el propietario era un furancheiro cuyo hijo, además, destacaba como cantero. El resultado es una divertida parodia del arte de blasonar y de la tendencia humana a explicar lo desconocido mediante referencias familiares y cercanas.
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