Viajamos hoy nuevamente al año 2013, cuando tuve la oportunidad de realizar un diseño heráldico especialmente interesante para un caballero Comendador de la orden del Águila de Georgia y de la orden de San Lázaro.
Espero que os guste...
Viajamos hoy nuevamente al año 2013, cuando tuve la oportunidad de realizar un diseño heráldico especialmente interesante para un caballero Comendador de la orden del Águila de Georgia y de la orden de San Lázaro.
Espero que os guste...
Viajamos hoy al año 2013, cuando tuve la oportunidad de realizar un diseño heráldico especialmente interesante para un caballero inglés. Se trató de un proyecto singular que me permitió combinar el respeto a las tradiciones heráldicas británicas con una interpretación artística propia, buscando siempre el equilibrio entre rigor histórico, elegancia estética y simbolismo personal.
Cada encargo encierra una historia, pero algunos permanecen en la memoria por su originalidad y por los desafíos que plantean. Este fue precisamente uno de ellos. Desde las primeras conversaciones con su titular hasta la definición final de los elementos del escudo, el proceso estuvo marcado por un cuidadoso estudio de los emblemas, colores y figuras que mejor representaban su identidad, sus valores y su trayectoria vital.
Más de una década después, resulta especialmente grato volver sobre este trabajo y compartirlo con los lectores del blog, no solo como muestra de una creación artística, sino también como testimonio de la vigencia de la heráldica como lenguaje simbólico capaz de expresar, aún en nuestros días, la historia y la personalidad de quienes la adoptan.
En este caso muestro un diseño de las armas ecuestres realizadas en el año 2016 para el Gran Maestre de San Lázaro, don Carlos Gereda de Borbón.
Hoy muestro el escudo de los Zubiri originarios del valle de Salazar en Navarra, linaje del que procede mi señora esposa.
Los salacencos del siglo XVI quisieron tener un escudo propio que patentizase su naciente nobleza y los distinguiese con claridad de la antigua. Por eso, se dirigen en 1564 al rey, exponiéndole su legítima ambición, que es tomada en consideración, aunque la oposición de los hidalgos antiguos, que veían en perspectiva la perdida de otra de sus posiciones, retrasó un poco la concesión del correspondiente privilegio.
Para este diseño he usado un escudo antiguo y un yelmo inspirado en uno que realizó mi admirado amigo y gran heraldista, Carlos Navarro Gazapo.
Espero que os guste...
Como sabéis, de vez en cuando me gusta volver la vista atrás y revisar trabajos realizados hace años. En ese ejercicio de memoria suelo encontrar auténticos tesoros: diseños olvidados, proyectos que quedaron aparcados porque entonces no lograba plasmar exactamente lo que deseaba representar o, simplemente, porque mis gustos han evolucionado con el tiempo.
Ahora, con diez años más de experiencia a mis espaldas, observo aquellos diseños con cierta añoranza y, en no pocas ocasiones, con sincera sorpresa. Por ello, me gustaría compartir en próximas entradas algunas de esas creaciones del pasado que nunca llegaron a ver la luz en el blog. Al fin y al cabo, el contenido publicado hasta la fecha representa apenas una pequeña parte de mi trayectoria artística. Calculo que en estas páginas apenas se muestra alrededor del 6 % de mi producción, por lo que todavía quedan muchos trabajos, diseños y proyectos por rescatar del archivo y dar a conocer.
Creo que resulta interesante no solo mostrar las creaciones más recientes, sino también volver sobre obras antiguas que reflejan mi evolución como diseñador, mis influencias de cada época y la forma en que ha cambiado mi manera de entender la heráldica a lo largo de los años.
Espero que os gusten tanto como a mí y que disfrutéis descubriendo estas piezas rescatadas del archivo.
En este caso muestro un diseño de mis armas realizadas en el 2016 como Caballero de la Orden Constantiniana de San Jorge.
Hoy quiero compartir el diseño que realicé para un cliente alemán cuya identidad, por respeto a su privacidad, prefiero mantener en reserva. Sí puedo decir que se trata de un Barón perteneciente a un linaje de gran relevancia histórica, algo que convirtió este trabajo en una experiencia tan interesante como enriquecedora.
Siempre disfruto especialmente aquellos proyectos que me permiten adentrarme en la historia familiar de quien los encarga, descubrir sus raíces y comprender qué valores o símbolos desea transmitir. En este caso, el proceso estuvo marcado por una combinación de tradición, elegancia y un profundo respeto por el legado heredado de generaciones anteriores.
Recuerdo este diseño con especial cariño, no solo por la categoría social de su titular, sino también por la confianza que depositó en mi criterio a la hora de interpretar y plasmar visualmente una identidad tan vinculada a la historia de su familia. Como ocurre en toda buena composición heráldica, cada elemento fue cuidadosamente estudiado para que aportase significado y equilibrio al conjunto.
Aunque no entraré en detalles que puedan revelar su identidad, sí me parece interesante compartir el resultado de este trabajo, que constituye un magnífico ejemplo de cómo la heráldica sigue siendo hoy una forma viva de expresar historia, personalidad y memoria familiar.
Espero que os guste...
Hoy presento nuevamente el diseño de mis armas, acompañado con las de mi esposa y por una selección de nuestras condecoraciones —solo algunas, pues incluirlas todas excedería con mucho el espacio disponible.
He perfeccionado el manto heráldico, reutilizando uno que diseñé en el año 2016 y armonizándolo con elementos de un modelo más reciente, logrando así una composición más equilibrada, solemne y coherente con el estilo que procuro mantener en mis trabajos.
Confío en que esta nueva versión sea de vuestro agrado y, como siempre, que no despierte en vuestras mercedes nuevas necesidades heráldicas que luego haya que satisfacer…
Mi emblema es el león, y eso, a estas alturas, todo el mundo lo sabe. El de mi mujer, en cambio, es la flor de lis. Dos símbolos que nos representan y que, de alguna manera, he querido reunir en una misma composición.
De ahí nace este diseño: un león portando la flor de lis y protegiendo el escudo, como una pequeña representación de ambos, unidos en una sola pieza.
El diseño original parte de una escultura en piedra destinada a decorar un jardín. Al verla me pareció magnífica, tanto por la fuerza y elegancia de la figura como por la propia composición, y decidí tomarla como inspiración para realizar mi interpretación heráldica.
El resultado me gusta especialmente porque, más allá del propio diseño, tiene un significado muy personal: el león y la flor de lis, cada uno con su propia identidad, juntos protegiendo nuestras armas.
En definitiva, una composición que representa, de una manera muy sencilla, lo mejor de cada casa.
Hoy muestro las armas de un habitual de este blog; sí, de don Mariano de San Antonio Lillo, cuya trayectoria en el ámbito de las ciencias heroicas y de las corporaciones histórico‑nobiliarias merece ser presentada con la debida consideración.
Don Mariano ostenta, entre otras, las siguientes dignidades, Caballero de la Orden Constantiniana, Cruz de Alfonso X el sabio, Caballero y Persevante de Armas de los Doce Linajes de Soria, Académico de Número de la Academia de Estudios Históricos Ysabel y Fernando y Comendador de Santiago da Espada por la Imperial Casa de Brasil.
Armas de quien honra este espacio con su presencia constante y con una dedicación sostenida a la heráldica y a las disciplinas afines.
Espero que os guste...